La inseguridad en las calles preocupa

SEGURIDAD EN SEVILLA
22 Apr, 2019

Con frecuencia oímos a las autoridades de Policía afirmar que el delito común que se comete en las ciudades ha disminuido, pero lo que no vemos es un plan ordenado y metódico que nos señale que ese escenario de la delincuencia puede atenuarse hasta lograr que los ciudadanos recuperen la tranquilidad al salir a las calles o al estar en sus hogares.

El General Palomino nos dice que de enero a agosto han ocurrido 100.669 robos, sin contar desde luego los que no llegan a denunciarse, y esa es una cifra que no nos puede parecer leve y por supuesto no nos motiva a la despreocupación.

Las calles están llenas de delincuentes que comienzan robando un objeto personal a un desprevenido, y después pasan al atraco,  las lesiones personales y rápidamente llegan al asesinato.

Lo que pasa es que el crimen no se detiene a tiempo; los ladrones cuando llegan a ser sorprendidos son arrestados por unas horas o un par de días y rápidamente retoman su actividad hasta lograrle colocar todos los ingredientes de la perversidad, que terminan repotenciando el delito. Si el Estado no actúa, el oficio de los delincuentes se vuelve habitual; así lo señala el propio General Palomino.

Uno se aterra de observar a individuos siniestros que se apoderan de los semáforos, muchos en estado de drogadicción deplorable, y allí se instalan cometiendo toda clase de fechorías. Por lo general piden dinero y el que no lleva unas monedas disponibles, recibe la agresión inmediata traducida en el robo de un espejo, de un bocel, o en la quebradura de un vidrio.

Y si un ciudadano se atreve a denunciar al agresor, entonces éste lo señala y lo amenaza y queda expuesto a recibir la venganza.

Nos parece que el tratamiento del delito debe ir más allá de una presunta acción represiva y tiene que pensarse en una verdadera rehabilitación del imputado, en donde a través de un trabajo profesional se pueda sustraer a ese individuo de esa actividad y se le puedan ofrecer alternativas de subsistencia distintas al delito.

Mientras eso no ocurra, continuaremos en un círculo vicioso en donde el Estado ya no puede hacer mayor cosa, porque las cárceles están atiborradas de gente y porque el que va allí, seguramente al carecer de un programa de rehabilitación, queda en manos de individuos más peligrosos y con un record de actividad que se verá traducido en enseñanzas nefastas para quienes se inician en el delito. Esperemos a ver el nuevo Ministerio de la Seguridad Ciudadana qué propone.

 

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